25 enero 2011

La pelusa


Cada día pasa el plumero por las estanterías, barre las casa y una vez a la semana hace lo propio con la aspiradora. Sin embargo, prácticamente siempre hay alguna pelusa en un rincón, debajo de un mueble o enganchada a una alfombra. El secreto de la ‘supervivencia’ de las pelusas está en los movimientos que hay en la casa. Cuanto más nos movemos, más pelusas.

Para la formación de una pelusa es imprescindible un pelo. Al pelo se van agregando otros pelos, polvo, piel muerta, telarañas, fibras. Estos minúsculos ingredientes de las pelusas se van agregando por atracción electrostática. A medida que se unen nuevos elementos la pelusa va aumentando su tamaño.

Cuando se cae un pelo al suelo de una casa, éste adquiere una carga positiva o negativa, según las circunstancias. Esa carga es electricidad estática, que nace por el roce producido por nuestros movimientos, como los pasos, o corrientes de aire. Ese pelo cargado atrae a aquello que tenga a su alrededor con carga contraria.

Es lo mismo que sucede en el clásico experimento que consiste en frotar vigorosamente un bolígrafo de plástico con un trapo de algodón o un jersey de lana. El trapo cede electrones al boli y así, queda cargado negativamente.

Cuando acercamos el boli a la esquina de un trocito de papel, las cargas negativas del papel serán repelidas de esa esquina y quedarán las positivas. Como las cargas opuestas se atraen, la esquina positiva del papel se elevará volando hasta pegarse al boli negativo.

Este fenómeno en el que se cargan los objetos por rozamiento se llama efecto triboeléctrico. Los objetos se cargan porque están formados por átomos, que tienen una clase de electrones que están ligados de manera muy débil a los átomos. Estos son los que se intercambian entre objetos que se rozan y crean las cargas.




Hay una pelusa que merece una mención especial: la pelusa que se forma en el ombligo. El científico y divulgador Karl Kruszelnicki realizó un estudio sobre este asunto, por el que ganó el Premio Ignobel 2002.

Averiguó, entre otras cosas, que la pelusa del ombligo está formada por fibras de la ropa, mezcladas con piel muerta y algo de vello y que las mujeres tienen menos pelusilla porque su vello corporal es más fino y corto.

En 2008, el químico Georg Steinhauser publicó otro estudio al respecto en la revista Journal of Medical Hypotheses. Estudió una muestra de 503 pelusas de su propio ombligo.

Descubrió que el vello alrededor del ombligo actúa como una especie de anzuelo para la fibras de ropa y demás componentes de la pelusa. Para evitarla recomienda usar ropa vieja que desprende menos fibras o afeitarse la zona.

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